I
¿Qué respondería?
Tenía que pensar algo.
Debería haber una respuesta...
le apasionaba la música,
pero no era un buen músico.
Le encantaba la pintura,
pero no sabía dibujar, mucho menos pintar.

II
Era un gran amante.
Él se estremecía al ver su pelo caer con soltura por sus hombros.
Sus labios le excitaban,
le hacían volcarse al violáceo mundo soñado,
de quien además de amante,
era poeta.

Un buen poeta que era un buen amante.
Él sabía reconocer al instante las bellas mujeres del resto.
Pero ellas, a quien reconocía,
nunca le creyeron.

Era esa cabellera la premiada,
de entre millones,
pero ella no le creyó sus palabras.

Y un día,
él escribió sobre ese pelo tan bello,
y sobre su pasión desenfrenada por las mujeres.

Por suerte.

III
Ahora debía responder de inmediato.
Tenía que hacerlo ahora.

Y mientras pensaba en la respuesta,
recordó un viejo poema,
encerrado entre espesas capas de cartón.
Ese viejo poema,
ya sepultado por el polvo,
en su vieja pieza,
le mostró las palabras
que debían ser pronunciadas por su boca;
una boca que besó los labios más bellos,
por sobre lo bellos.
Ese viejo poema...

IV
Su querida vieja pieza,
estaba ya fusionándose,
con el polvo y la senilidad.
Sus padres un día cayeron.
Su pieza entonces murió con ellos.

V
Fue el querido rostro de su madre,
lo último que vio su vieja pieza,
pues ya no había más habitantes en ella,
que los insectos,
devorando sus cuadernos...
las ratas muriendo,
dentro de colores blancos y sin luz.
Fue el rostro de su madre,
quien subió a la mansarda, donde vivía,
y lo buscó por última vez,
pero ya no estaba.

VI
Mas un día volvió.
Llorando regresó a pedir perdón.

Días de fiesta y el término de los llantos.
Cual hijo pródigo,
volvía esta vez,
por última vez.

VII
Y vivó en su mansarda,
solo, con sus colores,
y sus viejos y amados padres,
abajo. Cuidando, queriendo.

VIII
Pero sus colores vieron morir su amor.
Ellos cayeron víctimas del tiempo,
y el joven, que todavía era tal,
cayó, también, víctima del azul.

IX
Y ahora debía responder.
Ahora tenía que responder.

-¿Quién fuiste?
-Fui un visionario de mi vida futura.
Fue su anterior diálogo...
-¿Qué eres?
Y sus horas de vacilación...
-Soy un buen poeta y un gran amante

X
Y así volvió, esta vez sí,
por vez última...
Vio las soñadas sombras de colores...
por fin.

Arcaláus