Esa bruja me sonrió. ¡Qué
hermosa mujer, sonriéndome! Esa mujer, destacaba por su excesiva
belleza y tan raros conjuros. Hizo caer a mi lado la lluvia.
Cuando tomé el cuaderno, empecé a escribir sobre un bello,
agradable y apacible lugar, que suelo visitar cuando pienso en
ciertas cosas que no sé cuáles son... Hube comezado, y mi
inspiración culminó en llanto; pero esta vez, era un llanto
superior a todos los llantos, pues no era yo quien lloraba, como
a veces hago, sino, era el cielo dejando caer el agua sobre los
secos suelos.
Imaginaos el escenario: estaba escuchando, en un principio, la
lluvia caer, solo desde mi izquierda, pues en esa ubicación
estaba la ventana. Pero mientras más subía mi inspiración, más
alto se escuchaba la lluvia. Era más que las gotas al golpear el
suelo... eran las miles de gotas ¡cortando el aire! y eran miles
de gotas. ¡Qué escena tan conmovedora! me pareciera estarla
repitiendo ahora mismo... pero no. En fin, no solo el volumen de
la lluvia incrementó, también la fuente que me proveía el
sonido: en un principio, era solo mi oreja izquierda, poniendo
atención a la ventana, pero en fracción de segundos, y girando
en el sentido de las manecillas del reloj, comenzó a expandirse
el sonido de manera majestuosa. El sonido, pareció traspasar las
paredes. Es más, lo hizo: mientras estaba el sonido expandiéndose,
comencé a sentir un fuego muy grande dentro de mi. Supongo que
habrá alguna relación... Pero fue tan impresionante, ver como
el sonido sonaba tan fuerte tanto de mi izquierda, desde la
ventana, como como desde alfrente mío, donde hay una pared, y a
mi derecha, donde no solo hay una simple pared sino que otra casa...
Pero ahí estaba, el sonido sonando tan fuerte como los gritos
que doy yo mismo. La lluvia estaba ya no en tres dimensiones; la
lluvia ya no tenía dimensiones, las dimensiones tenían a la
lluvia. Y puedo describir esto, porque pensé que la lluvia
estaba formando la cuarta dimensión. Un sonido que no tenía
forma, pero en sí, era una dimensión.
Y de pronto supe como podía estar pasando esto: ya no había
paredes. Estaba en mi manzarda sobre mi colchón, con mi suelo y
todas sus cosas, pero no estaba el techo ni las paredes. Así fue.
Parece simple, pero la verdad es que verse desnudo bajo la
lluvia, desprovisto de lo más importante: un techo, es una
situación muy estresante.
Pero para mi, estar bajo la tormenta y ver todo negro,
absolutamente negro, excepto por mi papel y la lluvia en sí, que
eran blancos los dos, no fue una situación estresante. Fue mejor
que el mejor de los orgasmos, mejor que la mejor de las drogas,
mejor que la mejor obertura, fue estar sumido en la oscuridad,
quien me brinda misterio, y ser yo partícipe de la lluvia, tanto
como ella de mis cuentos.
Todavía no puedo creerlo, fue estar en el calor de mi cama,
arropado apropiadamente, pero bajo la noche y las gotas de agua,
aguas de tormenta. Yo estaba bajo una tormenta cuando decidí que
sería bueno dejar entrar cosas en mi mente para pensar sobre
ellas.
Todo se tomó un descanso. Las luces, los sonidos, los pastos,
las plazas, todo. Los perros, los pájaros, los autos, la gente.
La gente, sus perros, sus autos... ¡todo! Todos han decidido
descanzar y darle paso a nuestra visita ilustre: la señorita
lluvia.
¡Vaya una visita! Conjurada por tan hermosa brujita... ¡Qué
adorable es! Si tan solo pudiera verla denuevo para sonreírle,
tomarle su mano y decirle que la quiero... Pero ella me hechizó
y se fue. Ahora solo recuerdo su sonrisa. Una sonrisa en extremo
pura, para venir de una bruja.
Arcaláus