Cualquier ruido no es lo suficientemete fuerte,
como para poder superar los gritos de mi subconsciente.
Un grito de amor;
un grito cálido,
pero jamás ha sido un grito de odio,
ni siquiera un grito en otro idioma.
Sólo han sido sus ojos que me miran,
estremecen el mar, y se desborda.
Quizás nunca vuelva a su cauce...
a su inmensa fosa donde descansa,
donde descansa en mí.
Una sonrisa que me hace tiritar...
una mirada que desborda el mar.
Un caótico sueño del que no despertaré,
quizás hasta morir,
quizás nunca...
Tal vez una vida eterna condenado,
a desbordar mares por una mirada,
una sonrisa.
Escuchando el sonido de una estrella,
sentado estoy,
deleitándome de él.
Y escucho la tierra temblar muy fuerte.
Tierra y mar,
en una situación de hermosa destrucción,
aniquilando voces,
y triunfando la magnificencia de los elementos.
Quizás algún país sobreviva,
y ese día,
los elementos se remecerán ante tí,
ante tu presencia
que causa la destrucción entre los hombres.
Me haces guardar un profundo silencio,
un hermoso silencio.
Más y más risas...
Más y más estremecimientos
Más y más confusión a mi mente
Más ternura sobre mi poema,
más consuelo en mi alma,
más belleza en mis mares y tierras
y tu infinito poder de hacerlos temblar
tu infinito poder en mí
tu infinito poder...
Arcaláus