Daniela le mira y le guiña el ojo. Macarena festeja por el significado de tal acción.
Yo, desde mi asiento, veo con extrañeza, y me concentro en lo que estaba haciendo. Ese gesto me llamó mucho la atención y no pude evitar seguir mirando de vez en cuando.
Daniela ahora miraba a Macarena y, juntas, me miraban y sonreían.
Después de varios cuartos de hora mirándolas, sus sonrisas se transformaron en risas.
Mi cólera cayó sobre ellas. Las maté y no siento remordimiento por ello. Me gustó enterrarles mis dientes en sus cuellos y azotarles sus cabecitas en el suelo.
La música violenta sonando fuerte, desencadenando una orquesta de brutalidad.

Arcaláus