En ti veo la
noche,
veo edificios de tonos cafés
con sus ventanas iluminadas;
sus formas distorcionadas,
me inspiran distorción.
Pero no son todos cafés,
algunos son verde musgo.
Veo también en ti
las calles entre estos edificios,
calles anchas por donde no transita nada ni nadie.
Estoy viendo todo desde una esquina.
Desde una esquina lo veo.
También, y más fuerte veo en ti,
las cosas iluminadas por la luz de la luna.
En este místico barrio, habitado por fantasmas,
son iluminadas las calles por la luna.
La luz es de luna totalmete llena,
pero logro mirar un poco más arriba,
y veo que me sonríe como un gato.
No escucho nada más que el silencio.
Veo estos colores, oscuros todos,
y caigo en este misterio.
Oh, misterio nocturno: deseo besarte.
Eres mi adorado paraíso.
Sigo sintiendo sobre mi,
la sonrisa de la luna,
pero veo aquí también,
las estrellas que me inundan.
Siento hoy más fuerte que nunca,
el color violáceo del cielo.
Un violeta, casi azul oscuro, casi negro.
Pero ahí está; como fondo para las estrellas y la luna.
La luna sonriéndome,
las estrellas inundándome,
las brujas en escobas siguiéndome,
la monotonía temiéndome
(pues la enfrento con valentía).
Veo en ti, o veo al verte,
alguno que otro gato negro.
Un felino mirándome y sonriendo,
y siguiendo su camino,
por entre los edificios,
edificios tan altos como mi mente.
También veo...
¡Es neblina!
Una gris neblina, opacando el verde.
Opaca... ¡no! Complementa.
Complementa el amarillo de las luces de las ventanas.
No todas esas ventanas están encendidas...
Pero sobre las que sí,
cruza esta neblina,
inseparable del misterio.
Voces agudas escucho a lo lejos.
Gritos no; voces agudas.
Siempre voces agudas.
Ni un solo árbol,
solo edificios, calles, ventanas, gatos, niebla...
No intento ni intentaré caminar.
En mi ser habita algo de neofobia,
y este es el lugar más apto para quienes gustan de develar
misterios.
Yo sí adoro los misterios,
pero quiero ver bien la niebla y sentir la sonrisa de la luna,
antes de ir a abrir esas ventanas,
ventanas desde las que sé que estoy siendo observado.
Este mágico mundo,
lleno de colores, olores, sonidos, gustos y sensaciones,
es en el que habito, cada día, cuando te miro.
La niebla, y el gris de su tristeza.
Creo que es triste,
por eso se mueve tan lento,
a la altura de mis hombros,
pero tan lejos.
El edifcio café está a mi izquierda,
a mi derecha la calle que no veo ni quiero ver,
al frente el edificio verde,
con algunas ventanas apagadas... otras encendidas.
El último gato se cruza,
casi sin mirarme,
hasta que cierro los ojos,
y dejo de imaginar, para empezar a vivir.
Vivir en el barrio del misterio.
Arcaláus