Caminando temeroso por un oscuro callejón, veo una silueta moverse junto a mí. Me parece una silueta poco amigable y mi temor se ve en aumento. Trato de moverme sigiloso hacia la puerta que me dará la salida a este lugar. Con el silencio que yo estoy creando y el silencio propio de la noche, comienzo a escuchar las cosas a más volumen, del que lo haría en un soleado domingoen alguna plaza. Tanto es el silencio, que un gato que salta por entre la basura, me hace saltar de la impresión.
Creo que el gato que saltó, era la última cosa que había aquí capaz de producir ruido. Ahora que aquel se fue, atemorizado quizá por el silencio, me quedo en la absoluta soledad. Y el camino hacia la puerta comienza a hacerse demasiado largo... demasiado.
Los raotnes ya se han ido, y si pudiera tomar a las estrellas como compañía, también me han dejado solo, ya que las nubes cubrieron el cielo, dejando tan sólo un pequeño espacio para la luna llena que se cierne sobre mí.

Y las siluetas se mueven. Siguen haciéndolo. Ni siquiera escucho mi propia respiración... sólo algunos pasos, pasos temerosos, mis propios pasos. La última silueta se mueve, y en medio del silencio, alguien comienza a susurrarme al oído.
Tengo miedo.
Me dice cosas que no logro comprender. Sólo murmulla frases incomprensibles. Pero ahí veo la puerta. Busco la llave en mi bolsillo y el sonido pareciera opacar el angustiente murmullo.
Estiro mi mano, introdusco la lleve. La giro, y la chapa sepulta el murmullo, dejando un eco en el aire que me estremece aun más que haber visto las siluetas moverse.
Giro la manilla. La puerta comienza a abrirse, mientras grita con desesperación debido a la nula lubricación de sus visagras. Abro en definitiva la puerta, y miro con un terrible espanto el panorama que se me muestra ante mis incrédulos ojos... miro con pavor... el terror recorre mi cuerpo, y eriza mis vellos. Lo que ven mis ojos lo puedo creer... pero aun así, quizás en la histeria, decido entrar...

Arcaláus